viernes, 11 de febrero de 2011

Y aún no me creo...

... que le hayas fallado de esta manera.

Marta viste ojos verdes y un Sol marcado en la cabeza. Con su descapotable blanco recorre la ciudad. Crecen flores por donde ella pisa, es la reina del local, le gustaba volar, le gustaba jugar, desconectarse de aquí. Hace tiempo que voló, sin despedirse de mí.
Pero Marta ya no dice nada, porque no hay nada más que pueda decir. Se llevó mis pinturas de colores, me dejó plantada en este mundo raro.
Marta por Madrid, un duende con mirada triste, un espejo para la soledad, que siempre va detrás de ella. Nunca cumplirá los cincuenta, y no quieres descubrir que de todas formas le costaba seguir.

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